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Una vez que esta perorata estúpida está fuera de mi sistema creo conveniente hablar de algo diferente a lo que ha ocupado mi vida y mi pensamiento en los últimos días. No sé de que hablar, no sé qué escribir. Ahora mismo no quiero nada pero estoy a una distancia considerable del ideal budista de ausencia de deseo. No sé, creo que es ansiedad y desencanto lo que me invade.
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Había un día una oveja en un pueblo muy pequeño al oeste de Flandes. En este miserable, miserable porque la gran mayoría de sus habitantes jóvenes lo habían abandonado dejando atrás únicamente a los ancianos, pueblito no había mucho que hacer, su extensión no lo permitía. Todos allí eran, de una manera u otra, familiares entre sí, esto como consecuencia de una segregación autoimpuesta, tontamente diría yo. Pero que van a saber unos campesinos medio idiotas de las consecuencias de casarse entre primos.
Oh, sí, la oveja. Siendo que todos eran primos, o algo parecido, una vez que llegó un cura nuevo al pueblo y les informó de lo pecaminoso de su situación decidieron dejar de follarse entre sí. En vez de eso decidieron, no sin una larga discusión en la cual hasta la política y los malditos socialistas estuvieron involucrados, que todos follarían a la misma oveja. Sí amigos míos, estos campesinos tampoco estaban muy informados acerca de las enfermedades venéreas.
De esta manera juntos, como comunidad, se entregaron al bestialismo y dejaron de lado las relaciones carnales con sus consanguineos. Mala decisión aparentemente pues las mujeres infolladas del pueblo, que en total no alcanzaban un número mayor a 15, decidieron que todo aquello eran boludeces y quemaron, vivo, al cura en la noche de San Juan. El domingo de Pascua mataron a la oveja, que por cierto no era oveja como les habían dicho los hombres del pueblo sino una puta venida a menos que por azares del destino llegó al pueblo un par de semanas antes que el cura, y la desollaron para servirla en el banquete.
En Flandes son salvajes.
Oh, sí, la oveja. Siendo que todos eran primos, o algo parecido, una vez que llegó un cura nuevo al pueblo y les informó de lo pecaminoso de su situación decidieron dejar de follarse entre sí. En vez de eso decidieron, no sin una larga discusión en la cual hasta la política y los malditos socialistas estuvieron involucrados, que todos follarían a la misma oveja. Sí amigos míos, estos campesinos tampoco estaban muy informados acerca de las enfermedades venéreas.
De esta manera juntos, como comunidad, se entregaron al bestialismo y dejaron de lado las relaciones carnales con sus consanguineos. Mala decisión aparentemente pues las mujeres infolladas del pueblo, que en total no alcanzaban un número mayor a 15, decidieron que todo aquello eran boludeces y quemaron, vivo, al cura en la noche de San Juan. El domingo de Pascua mataron a la oveja, que por cierto no era oveja como les habían dicho los hombres del pueblo sino una puta venida a menos que por azares del destino llegó al pueblo un par de semanas antes que el cura, y la desollaron para servirla en el banquete.
En Flandes son salvajes.
1 comments:
Al parecer hay epidemia de insatisfacción y todos hemos pensando en mandar todo a la chingada, tan originales todos...
Bueno, al menos en Flandes tienen más sexo que en alguna zonas que conozco... y por conozco quise decir donde vivo.
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